
Liderazgo con Alma: Transformando la Educación desde el Bienestar y la Cohesión
En el día a día de un centro educativo, es fácil quedar atrapados por la «mente solver» (Álex Rovira), con la que estamos resolviendo problemas sin parar: ese ruido constante de la gestión, rellenar papeles, afrontar conflictos inmediatos y una inercia académica que a menudo nos desconecta de nuestro propósito esencial
Sin embargo, la verdadera transformación de una institución no ocurre por decreto, sino por un cambio de paradigma, por una nueva cultura y la creación de espacios y tiempos en los que el docente pueda, simplemente, ser. Y por extensión permitir el ser de sus alumnos.
Recientemente, en el CEA Mar Menor, decidimos dar un paso disruptivo. No fue fácil, pero el resultado nos recordó una verdad fundamental: nuestra actitud como docentes de aportar lo que el sistema (Centro) necesita es un puente entre la visión, los valores compartidos de centro y la realidad cotidiana con sus tareas y gestiones.
Algunas actuaciones y proyectos concretos, que aportan innovación y sientan las bases de una Comunidad basada en relaciones sanas y cohesionada, que construyen ese necesario Puente entre lo que soñamos y lo real son:
– Proceso participativo de Indagación Apreciativa para establecer entre todos los objetivos estratégicos de centro.
– Galas y eventos de celebración conjunta, como Santo Toblás, las Galas de Graduación o la Gala de nuestro 35 Aniversario.
– Plan de Bienestar Integral para el establecimiento de las mejores condiciones para que las personas (profesores y alumnos) puedan dar lo mejor de sí mismos en la enseñanza y el aprendizaje.
– Proyecto de centro Ser+, basado en el desarrollo de aprendizaje por proyectos y aprendizaje servicio Interdisciplinar, en el que participan los tres ámbitos.
Un paso hacia la Cultura de Bienestar de centro
Consideramos que el Bienestar es uno de los pilares que sostienen el proyecto educativo del CEA Mar Menor, pues genera condiciones para que las personas puedan desarrollar lo mejor de sí en la enseñanza y el aprendizaje; por lo que es uno de los primeros pasos para sostener todo lo demás (la convivencia, los aprendizajes, la innovación, etc.).
Arrancamos en esta primera sesión la parte que implica al profesorado de nuestro Plan de Bienestar.
La Propuesta es sencilla pero potente: que cada departamento desarrolle una sesión de bienestar para el resto del claustro en el actual curso académico.
Consideramos que el equipo directivo debía liderar la primera sesión de bienestar. El objetivo no era «dar una charla», sino romper la armadura de la «seriedad académica» que a veces usamos para protegernos de la vulnerabilidad, lo que nos impide vernos con mayor totalidad. Es considerar que necesitamos otro tipo de espacios para relacionarnos de otra manera, fuera de las presiones del día a día y que realmente fuera una sesión donde nos pudiéramos sentir mejor juntos.
El objetivo que nos planteamos fue diseñar e implementar una vivencia de cohesión en el claustro, después de varios conflictos y las presiones del primer trimestre . Y el aprendizaje de que desde la necesaria complementariedad hemos de trabajar más en equipo, porque que cada uno tiene algo importante que aportar al colectivo.
Al inicio costó empezar, ya que los hábitos y las costumbres aparecen y cuesta introducir la nueva dinámica. Al sostener un espacio de calma frente al ruido, permitimos que el grupo se autorregulara, pasando a convertirse en un organismo vivo y cooperante.
Dinámicas de Conexión Real
Para fomentar esta nueva cultura de centro, desarrollamos dos dinámicas que tocaron la fibra reflexiva de nuestra humanidad:
- Tu Pareja Vitamina: A través del juego, descubrimos que tenemos «puntos ciegos» que solo el otro puede iluminar. Esta dinámica nos enseñó que necesitamos al compañero para ver nuestra propia sombra. Y que la interdependencia positiva es más poderosa que la competencia profesional (Jhon Hatie, Aprendizajes Visibles y Evidencias de mejora en educación).
- El Abanico de Colores: En un entorno a menudo volcado en el juicio y la crítica nos regalamos una Mirada Apreciativa: cada docente recibió mensajes positivos de todos sus compañeros. Esos mensajes no son solo palabras; son llamadas a la excelencia desde lo mejor que los demás ven en nosotros y que a veces olvidamos reclamar como propios
- La mesa de los talentos y valores: cada docente se comprometió a donar lo mejor de sí (un talento, una capacidad, una competencia) a la comunidad educativa de su centro, en un mapa sistemático para una ruta de innovación y mejora constante generado con la participación de todos, que se sienten incluidos por los demás y auto incluidos.
La cartulina amarilla con los valores funciona como un anclaje. Al colapsar la intención de cada uno en un mensaje escrito y pegado, se ha fijado una nueva probabilidad para el futuro del centro. Ya no es sólo una idea, es un objeto físico (una especie de visión board) que emite una información: «Aquí somos esto».

El CEA como «hogar nutricio»
Al final de la jornada, los mensajes positivos se pegaron en una cartulina amarilla que simbolizaba nuestro Centro. No fue solo un gesto estético, sino un ofrecimiento al Bien Común: cada uno proclamó el valor o talento que ponía al servicio del colectivo.
Esta experiencia nos dejó reflexiones profundas que cualquier equipo directivo y docente puede aplicar:
- El conflicto como materia prima para el aprendizaje: Los problemas no son interrupciones a nuestra labor docente o directiva, sino la vacuna que fortalece nuestras zonas débiles y nos permite alcanzar la necesaria competencia y sabiduría práctica.
Para ello es esencial generar espacios de comunicación efectiva, asertiva y de mediación que nos permitan comprender más profundamente las raíces de nuestros conflictos, mirarnos en ellos, cuidarnos juntos y aprender hacia adelante. - El “Hogar Nutricio”, como referencia de un ecosistema humano sano, en el que se generan vínculos basados en la confianza, reforzados por la ejecución de los valores humanos que cohesionan.
Esto tiene un poderoso efecto eco y resonancia en toda la comunidad educativa, por eso tiene sentido comenzar por los docentes: al generar cohesión y compromiso en el claustro, creamos un ecosistema donde los alumnos también respiran una armonía que quizás les falta en otros ámbitos de su vida.
Lograr que, por un instante, la fuerza de los valores en cada uno sea más fuerte que su máscara (defensas de la personalidad) es la mayor recompensa para cualquier claustro. El bienestar docente no es un lujo, es el cimiento de una educación que pretende formar no solo profesionales, sino Maestros de Vida. Y que son Inspiración para nuestros alumnos en busca de una vida más plena.
Sigamos construyendo centros que no sean solo edificios, sino Hogares de Aprendizaje donde la actitud de servicio (dar lo mejor de sí en las relaciones y en el aula) sea nuestra mejor herramienta de transformación.
Hogar viene de hoguera. Queremos que nuestras aulas tengan el calor de las emociones positivas, de la necesaria exigencia que cuida la autoestima en el proceso y las relaciones sanas.



